Los cuencos tibetanos
Sus beneficios para la meditación, el estrés o la ansiedad
Los cuencos tibetanos se usan desde tiempos ancestrales con amplios beneficios para la salud y benéficas propiedades para la mente. Se dice que se usaban en la época de Buda en la India y que posteriormente fueron introducidos en Tíbet y otros muchos países. El sonido que se consigue al tañer el cuenco con una baqueta de madera genera una relajación instantánea, y se relaciona con prácticas espirituales que transportan a la mente a un estado de introspección y contemplación interior.
Cómo usar los cuencos tibetanos
Lo primero es encontrar un espacio silencioso donde el sonido pueda sentirse en toda su plenitud. Podemos poner el cuenco en el pavimento, en una mesa o sobre una almohadilla, aunque también, si son de modelo pequeño, se pueden colocar en la palma de la mano. Este último modo, hace que la vibración se traslade desde la mano a todo el cuerpo.
Hay dos modos de usarlos: por fricción y por percusión.
Fricción: asimos la baqueta y la pasamos con suavidad alrededor del borde del cuenco.
Percusión: con la baqueta damos un suave golpe en el cuenco.
En ambos casos se genera un sonido penetrante, una vibración que se traslada al cuerpo y sirve para relajar la mente, concentrarse y meditar.
Asimismo, el sonido de los cuencos tibetanos también produce otros beneficios: reduce el estrés y la ansiedad.
La tradición dice que, además de su efecto sobre las personas, el sonido de los cuencos tibetanos sirve para “purificar” espacios que puedan estar energéticamente alterados.
Distintos modelos
Los cuencos tibetanos son objetos hermosos, que decoran cualquier espacio, y que difieren en tamaño, diámetro, altura, aunque suelen ser de metal, elaborados preferentemente de forma artesana martilleando aleaciones de distintos metales.
Pueden no tener ningún tipo de dibujo o estar decorados con símbolos, dibujos, formas… Los más recomendables son los martilleados a mano. Los que son más gruesos y de mayor tamaño emiten un sonido más potente y sostenido.
La salud y el bienestar
El sonido básico, que se conoce como primera armónica, no lo podemos oír, pero sí oímos la segunda y la tercera armónica. Y la armonía del sonido depende de la aleación de los metales, del peso y del tamaño del cuenco y de la energía en que se percute o fricciona el cuenco para activar el hipocampo, la amígdala, la corteza cerebral, frontal y los centros auditivos, lo que genera una poderosa respuesta emocional.
El sonido es una vibración que puede alterar o armonizar los cuerpos expuestos.
En este caso, la vibración de los cuencos favorece el equilibrio físico y mental, y conlleva una profunda e inmediata relajación y reduce el estrés, la ansiedad y se podría considerar un antidepresivo natural.