Sobre la ira

Monjes, estas siete cosas, que complacen y benefician a un enemigo, le acontecen a una mujer u hombre enojado. ¿Cuáles siete? Aquí, monjes, un enemigo desea para su enemigo esto: «¡que éste sea feo!» ¿Por qué razón? Monjes, un enemigo no se regocija en la belleza del enemigo. Monjes, cuando un individuo está enojado, subyugado por el enojo, afligido por el enojo, no obstante que él está bien bañado, bien ungido, con barba y cabellos arreglados y vestido con ropas blancas, aun así, él es feo, subyugado por el enojo.

Monjes, esta primera cosa, que complace y beneficia a un enemigo, le acontece a una mujer u hombre enojado. De nuevo, monjes, un enemigo desea para su enemigo esto: «¡que éste duerma mal!» ¿Por qué razón? Monjes, un enemigo no se regocija cuando su enemigo duerme bien. Monjes, cuando un individuo está enojado, subyugado por el enojo, afligido por el enojo, no obstante que él duerme en un lecho cubierto con un cobertor de lana negra con flecos, cubierto con un cobertor de lana blanco, cubierto con un cobertor de lana bordado con flores, cubierto con una preciada manta de antílope, con dosel y con almohadas rojas en ambos extremos, aun así él duerme mal, subyugado por el enojo.

Monjes, esta segunda cosa, que complace y beneficia a un enemigo, le acontece a una mujer u hombre enojado. De nuevo, monjes, un enemigo desea para su enemigo esto: «¡que éste no tenga bienestar!». ¿Por qué razón? Monjes, un enemigo no se regocija cuando su enemigo obtiene bienestar. Monjes, cuando un individuo está enojado, subyugado por el enojo, afligido por el enojo, no obstante que ha obtenido infortunio, piensa «he obtenido beneficio», no obstante que ha obtenido beneficio, piensa «he obtenido infortunio». Estas cosas, tomadas como opuestas, conducen, a ese que está subyugado por el enojo, al sufrimiento y al detrimento por largo tiempo.

Monjes, esta tercera cosa, que complace y beneficia, a un enemigo, le acontece a una mujer u hombre enojado. De nuevo, monjes, un enemigo desea para su enemigo esto: «¡que éste no posea riquezas!». ¿Por qué razón? Monjes, un enemigo no se regocija cuando su enemigo posee riquezas. Monjes, al individuo enojado, subyugado por el enojo, afligido por el enojo, esas riquezas suyas, aun cuando éstas han sido obtenidas por medio de esfuerzo intenso, acumuladas con la fuerza de los brazos, con el sudor de la frente, ganadas justamente de acuerdo con el Dhamma, los reyes se las apropian para el tesoro real.

Monjes, esta cuarta cosa, que complace y beneficia a un enemigo, le acontece a una mujer u hombre enojado. De nuevo, monjes, un enemigo desea para su enemigo esto: «¡que éste no posea fama!». ¿Por qué razón? Monjes, un enemigo no se regocija cuando su enemigo posee fama. Monjes, cuando un individuo está enojado, subyugado por el enojo, afligido por el enojo, aun cuando su fama ha sido obtenida por medio de la diligencia, subyugado por el enojo, la pierde.

Monjes, esta quinta cosa, que complace y beneficia a un enemigo, le acontece a una mujer u hombre enojado. De nuevo, monjes, un enemigo desea para su enemigo esto: «¡que éste no tenga amigos!». ¿Por qué razón? Monjes, un enemigo no se regocija cuando su enemigo tiene amigos. Monjes, amigos y conocidos, familiares y parientes, evitan al individuo enojado, subyugado por el enojo, afligido por el enojo.

Monjes, esta sexta cosa, que complace y beneficia a un enemigo, le acontece a una mujer u hombre enojado. De nuevo, monjes, un enemigo desea para su enemigo esto: «¡que después de la disolución del cuerpo, después de la muerte, éste renazca en un plano de infelicidad, en un mal destino, en el infortunio, en el infierno». ¿Por qué razón? Monjes, un enemigo no se regocija cuando su enemigo va a un buen destino. Monjes, el individuo enojado, subyugado por el enojo, afligido por el enojo, realiza una mala acción con el cuerpo, realiza una mala acción con el lenguaje, realiza una mala acción con la mente. En ese que, subyugado por el enojo, habiendo realizado una mala acción con el cuerpo… con el lenguaje…. con la mente, después de la disolución del cuerpo, después de la muerte, renace en un plano de infelicidad, en un mal destino, en el infortunio, en el infierno.

Monjes, esta séptima cosa, que complace y beneficia a un enemigo, le acontece a una mujer u hombre enojado.

Monjes, estas siete cosas, que complacen y benefician a un enemigo, le acontecen a una mujer u hombre enojado. El enojado es feo y él también duerme mal; además, habiendo obtenido prosperidad, la considera como pérdida. El hombre enojado, poseído por el enojo, habiendo matado por medio del cuerpo o del lenguaje, padece pérdida de riqueza. Perturbado con la intoxicación de la ira padece deshonra; familiares, parientes y amistades, evitan al enojado. La ira genera infortunio, la ira trastorna la mente. El miedo se genera internamente, la gente no comprende esto. El enojado no comprende el bien, el enojado no ve el Dhamma. Cuando la ira se apodera del hombre, entonces hay una ciega oscuridad. El iracundo destruye con facilidad eso que costó hacer, pero después, cuando la ira se desvanece, él se atormenta como quemado por el fuego. Cuando la ira, por medio de la cual se enojan los seres, se manifiesta, ésta muestra su fealdad como el humo emitido por el fuego.  No tiene vergüenza, no tiene temor moral, no tiene respeto ni siquiera por la palabra. Para el subyugado por la ira no existe ningún soporte.

Os informaré sobre esas prácticas ascéticas que están lejos de los estados correctos. Escuchad esto que está de acuerdo con la realidad. El enojado mata al padre, el enojado mata a su propia madre. El enojado mata al brahmán, el enojado mata al ser ordinario.  Criado por esa madre, el hombre ve este mundo, pero enojado, el ser ordinario, incluso mata a esa que le dio vida. El enojado, fascinado con una variedad de objetos, igual que otros seres, se considera a sí mismo como lo más querido, pero, aún así se mata a sí mismo de diversas formas. Se matan ellos mismos con un sable, otros desconsolados, tragan veneno, otros se ahorcan con una cuerda y algunos también se arrojan en la garganta de una montaña. Realizando acciones de destrucción de embriones y suicidio, no comprenden que la ruina se origina de la ira. Esa trampa mortal, que yace en la cueva del cuerpo, bajo la forma de ira, debería ser erradicada por medio de la contención de la sabiduría, energía y visión. Así como el sabio debería cortar lo insano, así debería entrenarse en los estados correctos. ¡No seáis obstinados!

Libres de ira, serenos, sin apego, despreocupados, abandonando la ira, los domados, sin contaminantes, mueren en el Nibbāna.

Traducido del pali al español por el monje Nandisena con la colaboración de Rutty Bessoudo Salvo, Alina Morales Troncoso y Winston Velazco.
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